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lunes, 6 de febrero de 2012

#187



Hace mucho que no digo nada. Seguramente es porque hace mucho que no tengo nada que decir; creo que mi cabeza se lo traga todo, lo procesa, no lo deja salir, se lo queda para ella, ni siquiera lo comparte conmigo, y luego rompe a llorar.

Me ha pasado varias veces últimamente. Mi mente no habla; mi mente siente. Mi mente llora por mí cuando tiene que explotar, pero no dice las cosas. Las filtra y a veces, sólo a veces, me deja entrever a mí las cosas. Trabaja por su cuenta.

A veces, sólo a veces, odio a mi mente.

martes, 6 de diciembre de 2011

#174



Me pregunto por qué siempre me identificaré con personajes secundarios. Por qué mi simpatía siempre irá hacia ellos. ¿Será porque yo soy una? ¿Un personaje secundario más, que aparece en ciertos momentos, dice o hace algo y luego desaparece, hasta el siguiente capítulo? ¿Un personaje que no tiene más importancia de la debida o incluso ni eso?

Aunque, ahora que lo pienso, ser un personaje secundario no está tan mal. No es tan cansado. No es tan agotador. No tienes tantas responsabilidades como el protagonista y se te permite ocultarte entre las sombras, observar, calibrar y, después actuar.

Qué peligrosos son. En eso nos diferenciamos. Yo no soy peligrosa.

jueves, 2 de junio de 2011

#124



No necesito otro alien amarillo.

domingo, 22 de mayo de 2011

#119



No sé muy bien cómo sentirme hoy. No me tengáis en cuenta.

jueves, 25 de noviembre de 2010

#31



Cuando tienes prisa, cuando te necesitan en la otra punta de la ciudad, hace frío, llueve, la mochila pesa sobre tus hombros, el autobús no llega, los semáforos se ponen en rojo antes de que tú los pases, hay atasco y la gente va más lenta que de costumbre.

Cuando tienes prisa, cuando te necesitan en la otra punta de la ciudad (pero cuando te necesitan de verdad), siempre llegas tarde. Pero siempre llegas. Creo que eso es lo realmente importante.

Y ni si te ocurra volvérnoslo a agradecer.

martes, 2 de noviembre de 2010

#15



Aborrezco la rutina. Levantarme temprano, alrededor de las nueve de la mañana, para intentar aprovechar el día haciendo algo útil. Llegadas las dos y media, comer rápido para que me de tiempo a coger el bus que pasa una hora más tarde para ir a la universidad. Cuatro horas y media de clase después, salgo y vuelvo a coger el bus que me dejará en mi casa a eso de las nueve de la noche. Cenar (eso si ceno) y hacer cosas que durante el resto del día no hago.

Y, a la mañana siguiente, vuelta a empezar.

Pero lo peor no es la rutina, porque siempre hay algo que alegra un poco tu día gris y rutinario. Siempre. Lo peor es saber que necesitas de esa aburrida rutina para sobrevivir. Saber que si no la tuvieras, tú misma te harías otra porque no sabes vivir sin ella.

sábado, 23 de octubre de 2010

#9




Hoy me siento bien. Hoy se me dibuja una sonrisa sin ningún motivo. Hoy es genial. Tengo ganas de gritar, de saltar y de correr. ¡De llamarte! De todo.

Si. Hoy me siento viva.