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jueves, 6 de octubre de 2011

#156



RECUERDO (Ismael Serrano, Un lugar soñado)

Quizá les haya pasado en alguna ocasión. Quizá, alguna vez, caminando por la calle les pareció ver, entre el tumulto de la gente a una persona a la que amaron hace mucho tiempo. A penas fue un instante, un breve destello de luz, el suficiente como para dejar una quemadura en la retina y en el alma, el suficiente como para dejarte paralizado en mitad de la acera, sintiéndote a contracorriente de todo, sin saber muy bien qué hacer o qué decir. Y se le llena a uno la cabeza de recuerdos.

Y el caso es que no estás seguro de que se trate de esa persona porque primero fue, como digo, un breve instante y, en segundo lugar, porque hace tanto tiempo desde la última vez que os visteis que… que todos hemos cambiado en este tiempo. Y tú también, aunque a veces te niegues a reconocerlo. Y está bien que así sea.

El caso es que entonces uno queda dudando en mitad de la acera pensando si no será que uno confunde la realidad con el deseo. Quiero decir que, quizá, si se trate de esa persona, pero a lo mejor no. A lo mejor uno lo desea tanto que la inventa entre la gente, desapareciendo y apareciendo, apareciendo y desapareciendo.

Y no digo que quedara algo urgente por decir, algo pendiente. Quizá no sea eso, quizá sea un deseo inconsciente. Y uno sólo quiere encontrase con ella para decirle cualquier tontería. Quizá para recuperar un retazo de aquellos tiempos en los que éramos eternos e invulnerables. Quizá sólo para decir “¿qué ha sido de ti en todo este tiempo?”, “¿qué fue de nosotros?”, “¿qué ha sido de mí?”

Algo parecido ocurre en la canción que vamos a cantar ahora. Transcurre en el metro de mi ciudad, Madrid. Es la historia de un tipo que entra en el vagón de metro y encuentra en el asiento de enfrente a una muchacha que le recuerda a una mujer a la que amó. O quizá sea ella. No lo sabe, y está, también, lleno de dudas. Lo que voy a contar a continuación lo entenderá quien conozca la canción. Quien no conozca la canción tendrá que esperar a que la cantemos para entender lo que voy a contar a continuación.

Muchos familiares y amigos, amigas, se acercan para preguntarme sobre esta canción. Sobre el final de la canción, más bien, para preguntarme qué demonios le pasa por la cabeza a la muchacha que protagoniza dicho final. Nunca puedo satisfacer a quien pregunta porque no tengo ni puñetera idea de lo que le pasa por la cabeza a la muchacha. Pero sí sé algo. Sé que un día todo cambiará. Espero que más pronto que tarde, pero, un día, las cosas serán diferentes. Un día, el muchacho entrará en el vagón y la encontrará en el asiento de enfrente, radiante y luminosa. Y se acerará a ella. Y le hará la pregunta que siempre le hace al terminar la canción. Y, un día, todo cambiará.

Ella se levantará de su asiento sosteniéndole la mirada; el metro detendrá su ritmo; todas las cabezas se girarán hacia ellos. La ciudad también se detendrá. La gente parará en las aceras; los coches, en mitad de la calle. Las palomas, en mitad del vuelo. Ella se acercará mucho a él. Y un día le responderá de forma muy diferente a como lo hace en la canción.

miércoles, 31 de agosto de 2011

#151



Es esa extraña sensación en la piel, cuando parece que todas las terminaciones nerviosas recuerdan a la vez cómo se sienten cuando él te toca. Es como si su contacto se te hubiera quedado grabado a fuego y tú estuvieses sola y tranquila y pudieras sentir unas manos que no están.

Es una sensación extraña, pero agradable y melancólica a la vez. Como si todavía pudieras sentir todo el peso de su cuerpo cubriéndote por completo.

lunes, 16 de mayo de 2011

#117



Hay un momento en la vida en que quieres que te lleguen las cosas para poder hablar de ellas a sabiendas de lo que se siente, de lo que tú sientes, de cómo se ve el mundo. Y, una vez que llega, no te salen las palabras.

miércoles, 6 de abril de 2011

#103



·Cris-.
*es... bueno, soy, una especie de contradicción en mí misma
*no puedo permitirme crear un vínculo de dependencia absoluta porque se que, tarde o temprano, destruiría lo que realmente soy; o al menos lo haría de alguna forma
*pero... también sé que "lo necesito"
*y sé que me va a hacer mucho bien que estés conmigo ^.^

lunes, 31 de enero de 2011

#66



Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaargh

jueves, 20 de enero de 2011

#60



Entonces, Cris, ¿cuándo dices que esto se va a convertir en una cita doble?

No sabes, S, lo que me duele saber que tardará en ser una cita doble. Y tampoco sabes la de ganas (estoy desangrándome de ganas) que tengo de que sea así. Bueno, si lo sabes, realmente lo sabes. Al que creo que no le queda claro es a él.

A veces os mataría, hombres del mundo. Pero no porque os odie, que no os odio. Si no porque hay que decíroslo todo textual, ¡madre!

miércoles, 10 de noviembre de 2010

#21



Una pequeña parte de mi cabeza me pide que no piense en ello. Pero hay otra parte de mí que dice: "que le jodan a esa porción de razón". Y, de verdad, estoy hasta los cojones de que haya una especie de lucha interna dentro de mí. No me aguanto ni a mí misma, voy a aguantar a dos partes de mí que discuten entre sí.

Argh, mira que dije que este no iba a ser mi cubo de mierda, pero parece ser que no puedo cumplir una sola promesa de lo que digo.

En fin, resumiendo...: una mierda de día en el que sólo he pensado cosas que no debería pensar. Tengo unas ganas de irme a dormir que no puedo con ellas, de verdad.


Nota: esa canción es la que me pongo siempre que salgo de casa hacia la universidad porque me alegra el camino hacia la parada de bus... Luego que el aleatorio haga lo que quiera, pero así consigo salir con una sonrisa del portal.

sábado, 6 de noviembre de 2010

#17



Las historias de amor más bonitas son las que suceden en lo que dura una mirada, en un roce de manos en el autobús, en una sonrisa de disculpa por haberse chocado con alguien. Las historias de amor más bonitas son las que se pueden resumir en un cortometraje de 6 minutos. Las historias de amor más bonitas son las más cortas.

A veces me arrepiento (por buscar una palabra para definirlo ya que, en realidad, no me arrepiento de nada) de haber hecho que la historia que tenían nuestros ojos pasara de las miradas a las palabras. Fue bonito sin hablar.

Quizá lo estropeé todo con mi estúpida obsesión, pensando que podía salir bien, que tenía que salir bien. Tonta de mí.

sábado, 16 de octubre de 2010

#4



Podría decir a voz en grito que estoy hasta los c*jones de los hombres, pero paso de que el taxista de turno me diga que él me explica lo que no entiendo de los hombres.